Te quedas aterrado delante de tanta nada inútil, nada que ver con la de Carmen Laforet, nada que ver con la nada más circunspecta de la desesperación. Te metes en la película y ya no sales de tu indignación. Faltan adjetivos para calificar tamaño desaguisado visto y revisto por gente que se supone es medianamente inteligente. Y plebiscitado por millones de jóvenes, adolescentes e imagino que adultos adulterados.
Es Luna llena, una producción millonaria más de
Pero después del electrochoque de esta memez sin fronteras prefiero morir tonto, degollado, o pisoteado por la hoja triangular de una guillotina mal afilada. Todo antes que ese crepúsculo que trae la luna nueva maldita. Me entran ganas de ser hombre lobo para degollar a todos los malditos vampiros que han rodado esa cosa.De esta película insensata, en la que me metí por una fatalidad de la vida que no puedo justificar ni con un burger doble y cola al por mayor, sales temblando de indignación de la buena, la que llevó a los ingleses a convertir a Juana de Arco en una dorada criatura para manjar de los infieles devoradores de vírgenes calenturientas.Y como dicen que esto, repito Luna Nueva, es una película para adolescentes y jóvenes tiembla por tus hijos.
La mayoría de los millones de incautos descerebrados que han caído en la trampa peliculera seguramente creerán que lo que no dice la película son sus valores. Lo espantoso es que la supuesta virgen que ama al vampiro que se hubiese privado de sangre por una velada en El Lido de Muerte en Venecia y sus muchachos lobos repletos de músculos de gimnasio pandillero nunca conocerán a El Principito. Ni siquiera a Carlitos Brown, y menos aún a Snoopy.
Esa cosa que he visto en un cine perdido del fondo de Andalucía, con relentes de mar Mediterráneo que lleva hasta los terroristas de Mauritania, la firma un tal Chris Weitz, cuyas dos obras maestras cinematográficas son American Pie y About A Boy.Aclamemos su sabiduría, así como la de la autora de
En Afganistán se sigue matando, en Irak se sigue muriendo, en Africa la miseria ya no es tan feroz como la traición de políticos corruptos que se miran el ombligo.Imagino con terror que la nueva generación que salga de la filosofía lunera no les defraudarán.Por favor, señores productores, denme películas malas pero distraidas y no dañinas.Hay películas más malas que buenas pero que parecen todo lo contrario y te dejan el alma más templada que un paracetamol con gripe después de haber revisto una genialidad del sueco Ingmar Bergman o la aplicada militancia de Adrzej Wajda.Millones de personas contemplaban esa Luna nueva en el mundo entero, y probablemente más en Estados Unidos, cuando el presidente Barack Obama recogía su Premio Nobel de
:: Mussolini Love Story ::
He pasado años escribiendo sobre un coronel del régimen de Francisco Franco, dictador de
Esto lo cuenta la película Vincere de Marco Bellochio, en versión del diario francés Le Monde.
Cuando llegó al poder de las pistolas en 1922, el maldito Duce hizo destruir todas las pruebas de su amorío con Ida, a la que, por precaución,, mandó encerrar en un psiquiátrico, esos de antes donde los cuerdos se volvían locos. Luego encerró en un lugar parecido al hijo adulterino. La amante o esposa, la cosa no está clara porque el maravilloso Duce destruyó todas las pruebas que podían relacionarlo con ella, y el fruto de los amores murieron encerrados en la eternidad de la locura. Ahora les cuento la historia por la que con mi pluma-teclado-ordenador ha denunciado desde hace diez años, cuando llegué a Fuengirola, provincia de España, en el sur más profundo que los boquerones del Mediterráneo, y que encontrarán en mi próxima novelita, de inminente aparición: En el nombre del padre.
He contado, cuento y contaré hasta que los tiburones que a veces se pierden por estas playas me quiten el último suspiro, el de García Lorca cuando unos facinerosos con uniforme legal le quitaron la vida años después de que el Duce privara de respiración a la mujer que más amó y al hijo que tuvo de ella.
Érase una vez otra dictadura, la de Francisco Franco, que después de alzarse contra
Treinta y seis años de dislexia cultural, treinta y seis años deprohibido leer y sobre todo pensar de la que todavía hoy, en 2009, se resienten los españoles. Con su odio por la cultura, relente de todos los males de todas las dictaduras, instauró una manera de pensar unilateral en la que el sexo era cosa del diablo y la vida cosa de la eternidad.
Obtuso hasta el fin de los siglos amén instauró una moral en la que las relaciones extramatrimoniales se convertían en un delito de lesa majestad.
En el prólogo de mi libro, escribe el pobrecito: Yo nací en el momento equivocado (1939, principio de la represión tras la guerra civil) en un lugar equivocado (el vientre de una mujer que no estaba casada) y engendrado por uno de los coroneles más fieles al Caudillo, casado y con hijos, que no podía permitirse jugar con los principios morales tan estrictos que el nuevo régimen aplicaba sin que le temblase la mano, ya cansada de firmar sentencias de muerte.
Y si al leer estas notas les parece que hay muchas contradicciones en la percepción del Padre, no se extrañen. Cuando era niño odió con toda su rabia infantil a aquel Coronel tan importante que le había dejado solo. Pero ya al final de la vida, cuando a veces toca perdonar o por lo menos comprender, se dio cuenta de que todos los días de su existencia había echado de menos a aquel Padre indigno.
El hombre no se ha dado cuenta todavía, claro que no ha visto la película de Bellochio según cuenta el diario Le Monde, de que es un privilegiado de los fascismos que en el mundo han sido. Está vivo, sabe leer y escribir y para cuando se siente solo el médico le ha recetado un güisqui (hasta tres, pero sin sobredosis) con cine o sin cine según su estado de ánimo. Y en los momentos de calma chicha, descafeinado con leche.
:: Mis desencuentros con Frank Sinatra ::
Tuve en tiempos mi especial triángulo de las Bermudas con Frank Sinatra, uno de los artistas que moldearon mi vida (así me ha ido…). Una oleada de desencuentros que pasaba por París,
Estoy que trino en esta calurosa mañana de otoño con encorajinado viento de poniente y el mercadillo de anticuarios y otros deudos de la humanidad que ya invade mi mesa de trabajo con sus ruiditos de Picassos a un euro. ¿Para qué co… sirve la cultura?”.
Como más que testarudo (atestao dicen por estas tierras) soy Peace and Love por aquello de que la violencia sólo puede serme fatal a mí, di las gracias a aquel analfabeto mayor del reino de Granada. Y seguí leyendo.
Los sesenta yo los disfruté en París, pura verbena nocturna que acabó con mi inocencia de los 17 años y medio para sumirme en lo más deliciosos de los diez mandamientos. De vez en cuando me escapaba y aterrizaba en Torremolinos, donde existía entonces una movida espectacularmente locuela con estrellas de cine, hombres políticos y otros delincuentes.
Iba por el Hotel Pez Espada, cuerpo de mi delito, pero hasta ahora no me había dado cuenta de mi error, fallo, pecaminosa abstracción mental. No estuve allí en el momento preciso.
Quizá esto explica lo que sigue.
Al día siguiente, sin tener en cuenta quién era aquel cantante cuya voz había acompañado a sus enamoramientos, rupturas y desconciertos amorosos, dos policías le llevaron directamente al aeropuerto para expulsarlo rumbo a París.
El estribillo de este cuento es que el cantante de Oboken se convirtió en antifascista convencido. Como el personaje encarnado por Humphrey Bogart.
Ahora me he prometido hacer una peregrinación a un bar que en aquel mítico hotel han dedicado a esa Voz que hasta después de muerto puede levantarte el ánimo de la desesperación.Porquecuando ya no te queda ni Casablanca ni París, siempre tienes unos cacahuetes para acompañar el güisqui del desencuentro. Y porque vivimos en tiempos de leyendas que todos los malditos del mundo quisieran poder haber inventado.
:: Cosascine ::
Descubrí tarde la película Casablanca porque ya estaba de moda el technicolor.
:: Las ventanas de Gaza ::
Todavía no he podido visitar Gaza, la ciudad mártir creada por la soberbia de un Estado montado sobre los rodamientos bien engrasados de los intereses políticos mundiales supremos más que por un inocente deseo de justicia.La verdad es que me falta tiempo para viajar a Palestina. En esta Costa del Sol española tengo tanto que hacer… Contemplar el mar, comer pescaíto frito… Y de vez en cuando escribir sobre las bondades de mi vida en este universo de capitalismo justo, solidario y maravilloso.El periódico que tengo entre las manos me ha quitado hasta el gusto del güisqui con el que estaba relamiéndome en la terraza de mi casa desde donde no se divisa más que la paz del mar y la belleza inalterable de las montañas. Gaza queda muy lejos.El diario que leo, maldito sea, me quiere convencer de que las cosas van muy mal en la franja de Gaza. Escribe, y yo leo, que la operación militar israelí lanzada del 27 de diciembre de 2008 al 18 de enero de 2009, que algunos humoristas malintencionados bautizaron “Plomo fundido” (¿por qué tanta maldad, cómo pueden atreverse los malditos antiisraelíes?), ha dejado a los habitantes de Gaza en las cuerdas.¡Qué exageraciones!. “Muy pocas de las viviendas destruidas o hechas polvo por los soldados israelíes, a los que no les falta más que la paloma de la paz para ser gráficamente perfectos (pero la gente es muy mala, querida, y la propaganda antisionista ya se sabe) han podido ser reconstruidas”.Qué sarta de exageraciones. Que si la ayuda internacional llega con cuentagotas. Que si carecen de esto y de lo otro. Como si no hubiese tanta necesidad en el resto del mundo. Que miren esos palestinos respondones lo que ocurre en África. Aunque capaces son de echarle también las culpas a Israel.El periódico agrega que miles de familias de Gaza tienen que seguir viviendo en tiendas de campaña o hacinadas en minúsculos pisos. Vamos, como si no hubiese una crisis de vivienda en el resto del mundo…
Es verdad que la propaganda antiisraelí es malditamente implacable. Asegura el mismo diario que lo que más preocupa a los muertos de hambre palestinos es que muchos no han podido todavía reemplazar los cristales rotos de las ventanas de sus casas, porque con muy buena vista, lógico me parece a mí, testigo imparcial, Israel ha decretado un embargo sobre esos cristales, temiendo que los palestinos (Alá te acompañe, Arafat), los utilicen como armas.Pero, bueno, ¿qué quieren que haga Israel? ¿Imaginan ustedes esos vidrios afilados convertidos en dagas punzantes en las manos asesinas de los que resisten a los pacíficos y hasta pacifistas soldados israelíes?.Y siguen las quejas, que el periódico repite sin reflexionar, sin querer entender que todo tiene su por qué. Que se fijen en la época de
Y es que hay que ser precavidos, porque luego la gente dice y repite que no hay orden y que los que mandan no han cumplido con su obligación. Es frustrante tantísima mala fe.El otro día, en un receso de mis meditaciones sobre la incomprensión de la misión de los israelíes en Gaza, volví a ver El cazador (Michael Cimino, 1978, Robert de Niro, Meryl Streep al canto) que me hizo olvidar mis cuitas. De golpe, sin que yo me acordase, porque el pescaíto frito, los gambones y el güisqui con Perrier te desgastan la parte baja y periférica del cerebelo, se escaparon de la película los acordes de I love you baby. Robert de Niro, Christopher Walker y el genial Jon Cazale, enorme actor infravalorado, se ponían a bailar y a gritar como desaforados encaramados en el muro que los israelíes han construido para evitar los atentados palestinos y protegerlos de sus propios malos pensamientos de atravesar a Israel y tratar de ganarse la vida. Insensatos.Y recordé que lo que decía Gloria Gaynor a esos cazadores sin alma de un pueblo minero perdido en Estados Unidos, también me lo había dicho a mí. En París, cuando la oíamos nos sentíamos profundamente felices, como gente a la que no le podía pasar nada malo.Amabas esa canción sin el menor rigor poético como adorabas al perrito Snoopy, tú que nunca habías tenido un chucho. Y hacías gestos dementes y medio simplones con el ritmo de
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martes, 15 de diciembre de 2009
:: La Luna de todos los Horrores ::
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